El precio real, desde el primer día
Prefiero decirte hoy un precio que no te guste a tener tu casa meses en los portales. La crisis de 2008 me enseñó que inflar precios solo alarga la espera.
Mi historia
Soy Iraido Rodríguez. Me crie entre la fábrica de patatas de mis padres y el colegio de los Salesianos, hice la mili en el cuartel de la Avenida de Portugal y aquí he criado a mis hijos. Cuando valoro una casa de Puerta del Ángel o de Latina, muchas veces conozco el portal, la calle y hasta a los vecinos.
Cómo empezó todo
Hace 62 años mis padres compraron la fábrica de Patatas Marisa, en la calle Santa Úrsula, junto al colegio Cristo Rey. Los fines de semana venían todos los vecinos a comprar el aperitivo para la comida del domingo. Ahí aprendí que en un barrio la confianza se gana trato a trato.
Con mis padres y mis hermanos decidimos qué hacer con el viejo edificio de la fábrica. Construimos el que hoy sigue en pie y yo me puse al frente de la promoción. Para venderla abrí una pequeña oficina en Paseo de Extremadura 62. A los cuatro meses no quedaba ni un piso.
Los vecinos empezaron a pedirme que les vendiera también sus casas. Me conocían de toda la vida y la oficina ya estaba abierta, así que seguimos. El nombre lo elegimos Tomy y yo: nos sonaba bien y, la verdad, entonces éramos bastante más jóvenes.
En el 2000 éramos 4 inmobiliarias en Paseo de Extremadura. Llegamos a ser 14. Con la crisis volvimos a quedar 4. No sonaba el teléfono, los bancos no daban hipotecas y no se vendía un piso. Aguantamos, y de aquellos años me quedó una manera de trabajar: precio real desde el primer día.
El confinamiento nos pilló de lleno, con alquileres que gestionar y ventas a medias sin poder enseñar las casas. Buscamos la forma de seguir atendiendo a cada propietario y salimos adelante juntos.
Después de 22 años en el número 62 cruzamos la calle al 55. Mi hijo Álvaro es el director comercial de Vivienda Joven y será quien tome el relevo de la empresa. Yo sigo al pie del cañón, valorando, vendiendo y haciendo informes periciales.
Nada de esto lo he hecho solo
Tomy
Mi mujer, mi compañera de trabajo y la madre de mis hijos. Todo lo que hemos construido en Vivienda Joven lo hemos hecho juntos, desde elegir el nombre hasta sacar adelante la oficina en 2008 y en la pandemia. En los buenos momentos y en los malos, siempre hemos estado unidos. Si hoy puedo contar esta historia, es porque la hemos escrito los dos.
Una firma que no olvido
Tres salas, diez herederos y un notario.
Vendíamos un edificio entero de una herencia. El día de la firma, la pareja del propietario esperaba en una sala, los hijos en otra y los nietos, que no se hablaban con sus padres, en una tercera. Me pasé la mañana recorriendo las tres salas con el notario para que fueran firmando uno a uno. Firmaron los diez herederos y cada uno se fue con su cheque. Entre ellos no se dirigieron la palabra, pero al salir todos me dieron las gracias.
He vivido muchas herencias entre hermanos que no se hablaban. Mi trabajo ahí no es solo vender: es conseguir que todos se pongan de acuerdo en un precio justo y que nadie salga sintiéndose engañado. Por eso el mejor momento de mi oficio sigue siendo cuando, después de firmar, vendedores y compradores me dan las gracias.
Cómo vender una vivienda heredadaLo que me han enseñado 25 años
Prefiero decirte hoy un precio que no te guste a tener tu casa meses en los portales. La crisis de 2008 me enseñó que inflar precios solo alarga la espera.
Me hice perito judicial para valorar mejor las casas de mis clientes y ayudar a copropietarios en situaciones difíciles. Con ese rigor valoro cualquier vivienda. Ver peritaje.
Llevo 60 años viviendo aquí. Sé qué calles tienen más luz, qué edificios tienen ascensor nuevo y qué vale de verdad cada portal.
Hablemos de tu casa
Respondo personalmente en menos de 24 horas laborables. La primera conversación y la valoración no te comprometen a nada.
Te atiendo yo, Iraido.
Sin centralitas ni comerciales de paso.